Son las 8 am, la luz del sol que entra por mi ventana, me avisa que debo levantarme. Ignoro esto sigo durmiendo…mi teléfono suena segundo aviso me tengo que levantar. Me doy un baño, preparo mi desayuno y a trabajar. Guiando por las calles de Puerto Rico, escuchando la radio, un tal llamado de emergencia baby!!, cambio la emisora. Luego de todo este camino llego a mi trabajo, Krispy Kreme. Si ese trabajo donde lo que hacemos son donas. Las cuales tienen un poder sobrenatural en las personas, que acampan por solo comerlas, y ganarse la dona de la espera. Trabajo aquí hace ya un año. No estudio porque, el futuro me lo brinda el dinero. No fui a ninguna universidad, podrán decir que soy en queda’o. Pueden decir muchas cosas de mí pero, mientras haya dinero, se puede vivir. Pasan las horas y espero a que suene mi teléfono, me canso de esperar, es tanta la necesidad de que suene que mi trabajo me desconcentra.
Llega la hora pico en sentido de donas. Se llena Krispy Kreme, la fila es inmensa en el Servi-Carro, llegan los niños que pronto parecerán de obesidad, a comer las ricas donas que le compran sus padres. No me explico cómo la gente se sorprende al ver el “proceso mágico” de crear las donas. Me encanta ver sus caras pegadas a los espejos, mirando lo sobrenatural. Con todo esto no me quejo, un trabajo es un trabajo no importa las vidas que estén envueltas, siempre recibirás tu paga y ascenderás poco a poco. Como dice en las “pesetas” de Estados Unidos “in God we trust”. Yo le cambiaria esto a “in Money we trust”. Por el dinero se rige la vida, con dinero nacen, y sin dinero se van, pero ese dinero mejor me lo quedo yo.
Salgo del trabajo, me monto en el carro el celular suena, “Calle 5, San Juan, Sábado”. Estas son las claves, el hombre que trabaja en Krispy Kreme desaparece, como un disfraz, todo cambia, mi percepción del mundo es diferente. Vuelvo a mi apartamento, necesito descansar, ba~arme para quitarme este olor a donas, dormir un poco más. Este trabajo requiere de mas concentración y la paga es más llevadera. Me llaman mis amistades, me niego a ir no me gusta janguiar, prefiero la soledad que me brinda mi apartamento me hace recapacitar, me inspira. Muchos dirán que soy un tipo solitario, si lo soy, no me gusta estar con la gente, prefiero ser ese extraño a el cual todos intentan descifrar, ser un misterio. Si algún día pasara algo solo sea una cifra más. Un espacio que algún día tenía que quedar. En mi apartamento busco mis cigarrillos, salgo a mi balcón y fumo un poco. Admirando la vista que me da estar en lo alto, ser poderoso.
Sábado, me levanto sin esperanzas, como siempre, yo no creo en esas falsedades. Esperanzas falsas, eso es algo que el hombre inventa para mantener una ilusión viva. Ilusiones, esperanza, sueños, puras mentiras mi futuro es una realidad y me esfuerzo por conseguirlo. Misma rutina Krispy Kreme, trabajo los sábados también porque en realidad no se que mas pueda hacer. Vuelve la avalancha de gente a comer donas, a morir de arterias tapadas. Pensando en esto se puede decir que soy un asesino indirecto, como si jugara a ser Dios. Yo te tapo el corazón tu mueres, yo vivo. No sabia que ser asesino fuera tan comercial, y pagara por ello. “Gracias a todos y a todas por permitir que les tapemos las venas” con mucho cariño la gerencia de Krispy Kreme. Disfruto mi trabajo pero siempre quise algo más y por eso, tengo un teléfono aparte, en el cual cosas que requieren de más “pasión” como me gusta decir son atendidas.